Nueva cara, nueva vida

Isabelle Dinoire, francesa de 38 años, pasó a la historia de la medicina al convertirse en la primera persona en someterse a una cirugía reconstructiva de rostro, recibiendo partes de la cara de un donante.

Cuando Isabelle Dinoire despertó se encontraba bañada en sangre y con su cara gravemente desfigurada. Era mayo de 2005 y su perro le había arrancado parte del rostro, intentando reanimarla de un estado de inconciencia. Sus heridas eran profundas e irreparables, pero gracias al ataque estaba con vida.

Las mutilaciones cambiaron su aspecto. Comenzó a utilizar una máscara para ocultarse y no asustar a sus hijos y vecinos, en lo cotidiano, no podía comer ni hablar correctamente, por lo que se sometió a una cirugía jamás realizada. En el Hospital de Amiens, Francia, un equipo médico liderado por los doctores Bernard Devauchelle y Jean-Michel Dubernard, le implantaron parte de la cara de un paciente clínicamente muerto de la localidad de Lille, al norte del país.

Isabelle Dinoire

Tras un año de rehabilitación, Isabelle Dinoire ya no oculta su rostro desfigurado. Aunque su labio inferior no ha recuperado la movilidad, continúa en terapia para aprender nuevamente a besar.

Durante 15 horas, un equipo de 45 personas trabajó para injertarle un triángulo de tejido facial, específicamente nariz, boca y mentón. Aunque en otros lugares del mundo ya existían experiencias en transplante de cuero cabelludo y orejas, ésta fue la primera práctica clínica en busca del rescate de esta área, con la dificultad que representa la unión de arterias, venas y músculos y adaptarlos a la forma del cráneo receptor. El resultado fue una nueva cara, un rostro híbrido, que no se asemeja al que tenía ni tampoco es igual al del donante.

Sin embargo, el procedimiento médico no sólo abarcó la reconstrucción de la cara, sino también el traspaso a su organismo de células de médula ósea provenientes del donante para reducir las posibilidades de rechazo, junto con el injerto de fragmentos de piel que sirven como centinelas para monitorear reacciones adversas. Producto de tan delicada intervención, Isabelle deberá tomar medicamentos y someterse a controles de por vida para detectar y reducir posibles problemas secundarios.

transplante de cara

La reconstrucción a la que fue sometida Isabelle abarcó un tercio de su rostro.

Isabelle fue apoyada con terapia psicológica, incluso con anterioridad a la operación, como refuerzo de su decisión, compresión de los riesgos, las consecuencias e incluso del posible fracaso de la intervención y, en la actualidad, para aceptar esta nueva cara que no le pertenece ni está acostumbrada a ver, pero que le ha permitido retomar una vida sin ocultarse.

Tras la intervención, realizada en noviembre de 2005, inició un duro proceso de rehabilitación destinado a recuperar la movilidad de los músculos faciales, permitiéndole recobrar su gesticulación, habla y alimentarse adecuadamente. Aunque no puede cerrar su boca, pues su labio inferior está paralizado, trabaja con especialistas para pronto poder reír con normalidad y realizar un gesto tan simple como besar.

Otros casos en el mundo

En abril de 2006 se realizó el segundo transplante facial. Esta vez, un equipo de cirujanos del Hospital Militar de Xijing, en China, se puso la tarea de reconstruir el rostro de un campesino, víctima del ataque de un oso.

En un procedimiento de 14 horas se le implantó el labio superior, mejilla, nariz y ceja, provenientes de un donante. Al tiempo, el incipiente bigote en su cara fueron señales del éxito de la operación.

Un caso anterior se registró en 1994, cuando un niño hindú de nueve años perdió parte de su cara y cuero cabelludo en un accidente con una máquina trilladora. Un equipo médico consiguió reimplantar su piel, aunque sufrió daños musculares y marcas por las suturas en el perímetro de su rostro.

Hitos de la Medicina
3000 A.C. Existen escritos que relatan procedimientos de cirugía reconstructiva.
1000 A.C. En India se efectuaron amputaciones, injertos de piel y eliminación de cataratas en los ojos.
Siglo XIII El Papa Inocente III prohibió específicamente los procedimientos quirúrgicos, retardando el avance de la medicina, pues se consideraba deshonroso el contacto directo con el paciente.
1615 El médico italiano Sanctorius inventó el termómetro para tomar la temperatura del ser humano.
1844 El gas de la risa se usó por primera vez como anestésico general. Dos años más tarde, el éter fue utilizado con iguales fines y en 1847, el cloroformo.
Siglo XIX Es conocido como el siglo de los cirujanos y se acuñó el término «cirugía plástica».
1928 El bacteriólogo escocés, Alexander Fleming, descubrió la penicilina.
1963 Se comenzaron a realizar los primeros implantes de silicona.